SONGOS

Tener paseos con las chicas de Ausangate no es algo que hacíamos a menudo, sin embargo, un día nos comentaron que estaban planeando a Songos, un lugar para hacer caminata Huarochirí y pareció una súper buena idea. No sabían quienes se habían apuntado, pero Majo y yo nos animamos también. Tampoco sabíamos muy bien que había de interesante en ese lugar, solo nos habían dicho que se llegaba por la Carretera central y que lleváramos ropa cómoda.

La fecha elegida para el paseo fue el feriado de Santa Rosa que caía un día jueves. Como siempre, nuestros planes siempre se cruzaban con algún examen y en este caso no fue diferente. Al día siguiente teníamos practica de Filosofía, el cual era un curso muy difícil y no habíamos estudiado mucho. Nos propusimos estudiar lo máximo posible durante todo el día.

Muy temprano en la mañana llegamos a Ausangate y nos embarcamos. Éramos como 20 personas así que fuimos en 2 mini van. Nos dimos cuenta que no conocíamos a la mayoría de chicas y que había algunas de la UDEP que conocía de vista pero que no sabía cómo habían llegado a Ausangate.

En el camino de ida fuimos durmiendo. Después de dos horas, todavía no llegábamos, como era feriado, había demasiado tráfico, avanzábamos lento a pesar de haber salido temprano. Poco a poco sentíamos menos fríos, y se supone que en esa zona siempre hace calor, pero nunca salió el sol que esperábamos.

Por fin llegamos y los guías nos explicaron que la meta era llegar a algo así como una resbaladera natural de piedras. Nos dieron que había 2 caminos, uno largo, pero más seguro y otro más corto, pero implicaba cruzar los riachuelos y trepar entre las rocas. Majo y yo, obviamente, decidimos ir por el corto. Nos repartieron unos cascos de protección y nos dividieron en dos grupos. No nos imaginábamos como iba a ser, pero yo estaba asustada porque me había lesionado el tobillo y tenía miedo de caer sobre él.

Comenzamos a caminar y después de un rato llegamos a una laguna en forma de corazón. Nos dijeron que para continuar debíamos escalar una pared de 20 metros de alto. JAMAS había hecho algo así. Solo teníamos una soga y con ella teníamos que trepar la gran pared vertical.

No sé cómo logramos subir, pero mientras que esperábamos a las demás que todavía no subían pudimos ver como algunas se iban desanimado y cambiaban de camino. La ruta se hacía cada vez más interesante. Nos dimos cuenta que era inevitable mojarse los pies. De vez en cuando nos encontrábamos con grandes rocas que teníamos que escalar con ayuda de los guías. Cada una de ellas parecía misión imposible. Seguimos avanzando y cada cierto tiempo encontrábamos unos paisajes únicos que aprovechábamos para tomarnos fotos.

En un punto teníamos que trepar a través de una cascada. Como no nos podíamos apoyar en ninguna base tuvimos que subir pisando un árbol ubicado estratégicamente entre la roca y el agua. Se debía subir en parejas que tenían que estar atadas para balancear el peso. Majo fue primero y yo iba detrás de ella. Cuando estaba en la mitad del tronco Majo se calló en el hueco y como estábamos unidas me jalaba hacia abajo. Antes de morir ahogadas en un paseo, los guías la ayudaron y antes de que se pusiera a llorar la sacaron de ahí.

Después de superar este trauma, nos cruzamos con un grupo de chicos de nuestra edad. Después de un rato viéndolos a la distancia Majo se dio cuenta de que los conocía, eran algunos de sus amigos de Avanzada ¿quién se hubiese imaginado que íbamos a coincidir justo ahí?

Finalmente, llegamos a las resbaladeras donde nos encontramos con las chicas que habían tomado el otro camino. El día se fue poniendo cada vez más frio por lo que nosotras desistimos de mojarnos. Sin embargo, unas si se animaron y nos quedamos un buen rato viendo cómo se deslizaban hasta llegar al pozo de agua una por una.

De regreso todas tomamos el camino largo, como no tenía tantos obstáculos era más repico.   Aunque se veía más fácil de completar, se trataba de una trocha sumamente delgada por lo solo podía ir una persona delante de otra. De un momento a otro nos detuvimos. Después de unos minutos esperando, nos contaron que una persona de otro grupo se había torcido el tobillo y no podía seguir caminando. Aunque suene mal, tuvimos que pasar por encima de ella como pudimos porque no la podían mover ni cargar.

Antes de llegar al punto de inicio hicimos una parada para tomarnos una foto en una roca gigante que parecía estar suspendida en el aire. Por último, llegamos al punto donde habíamos comenzado, fuimos al baño y mientras esperábamos a las demás vimos que un guía fue a buscar a la persona que se había accidentado llevando consigo una camilla.

Cuando ya nos encontrábamos en los buses, pudimos comer un poco de lo que habíamos llevado y nos cambiamos de ropa que porque estaba mojada. Aprovechamos para estudiar un poco, pero estábamos muy cansadas, sorpresivamente, nos sacamos una muy buena nota en la práctica.  

 

Esta aventura fue genial, es una buenísima idea para pasar tiempo con tus amigas y conocer nuevos lugares. Gracias a este paseo me di cuenta que hay un montón de lugares que están en o cerca a Lima y son maravillosos. Solamente hace falta organizarte porque basta separar un día para tener aventuras en lugares totalmente distintos y sobre todo baratos.